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Archivos Mensuales: julio 2020

¡Un caballo! (susto)

Era un día de semana
fuimos a la playa y me viniste a buscar, qué importa.
Nos hablamos, costó un poco más que de costumbre pero nos hablamos
hasta que el viento nos sorprendió escuchándonos
levantando la arena constante, suave y densa, la arena arremolinada
por debajo de donde rompe el mar o el océano (América), qué importa.
Y llegó el sonido, el silbido, la espuma y el oído lleno
no se me escuchó pero la fuerza me hizo llamarte por un nombre nuevo ¡caballo!
Ningún animal se salva respondiste y subimos al monte, a montar en un claro.
 
Fue en el camino al monte a motor con el mar o el océano (América), qué importa
en el centro del cuerpo encendido. Pensé y ví:
¡caballo! sobre sí mismo al sol con la cola en alto; blanco.
Grité, te asustaste y afirmaste: te asustaste. Me asusté.

Un sol blanco caliente en el pecho que ya no será nunca
la flecha ígnea que sintieron las monjas ni el pájaro parlante de la poesía.
¡Un caballo! (susto)

Con ese sol te nombro y golpeo las puertas del motor, por dentro
con todo lo que he elegido por dentro, para ir a montar en un claro.

Se hace sol ¡caballo!

Levantas los ramos como los pasos; y no hay caballo; me porto
el caso es no estar para que aparezca; ir ausente al monte y no resolver
el verso mantenerlo criminal, prendido o fuego.

Lo que arde es en secreto, en el monte donde nos enseñábamos los penes.

Todo quemado.

Fue en el monte una noche de playa en la que fui a motor y volví con ropa.
Era de la familia; afín a la Alcaldía.

Ni un sentimiento (América), literatura.