su piel se escamaba –aceite de coco–
era nieto putativo de una montaña de cadáveres judíos

su camiseta se repite –rayas azules y amarillas–
en cada autobús, parada de metro, centro de cultura contemporánea o bordillo

su neopreno se sigue rompiendo –cola de carpintero–
es tan sintético que excede a dolor mi sintaxis

solo su cámara me vio por dentro –verde, poblada, abierta y sincera–