luces en blanco y negro
cualquier cosa que diga sonará a los d(iscos)e antes
me preguntas si te escribo

como nunca estuvo ordenada, la historia,
no sabemos cuál de ellos eres, todavía
pero tu (en) camiseta tiene(s) mis brazos

luces en blanco y negro, bailas
no sé en qué idioma me hablas
pero me mueves contigo, sólido

no sé si sé amar
pero cuando aprenda a calmarme (te) escribiré

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Después intenté avanzar
para continuar con el ciclo –era imposible–
solo era un ciclo porque no podrá cerrarse –nunca–

Empezaba a contarlo tímidamente –uno tras otro–
pero decidió escribirse en las formas verbales
se me exigió cambiarlas –me concentré–

Me ha echado de nuevo fuera del poema
su voz es sólida y ha venido para quedarse

su piel se escamaba –aceite de coco–
era nieto putativo de una montaña de cadáveres judíos

su camiseta se repite –rayas azules y amarillas–
en cada autobús, parada de metro, centro de cultura contemporánea o bordillo

su neopreno se sigue rompiendo –cola de carpintero–
es tan sintético que excede a dolor mi sintaxis

solo su cámara me vio por dentro –verde, poblada, abierta y sincera–